Lo que menos importa es una lista larguísima de cosas. Lo que más, tan sólo cinco, quizás menos, escritos en la esquina de cualquier papel. Los chicos salen disparados de clase cuando digo y aquí lo dejamos por hoy. Me los imagino como en los dibujos animados, con una nube de pies y atascados en la puerta. Tampoco tengo tanta prisa, pienso, y antes de salir me vuelvo a colocar el pañuelo al cuello. Me despido de mis compañeras y doy una vuelta por el barrio. Suelo detenerme frente a un escaparate con multitud de libros infantiles de ilustraciones agradables. Cruzo delante de algunas terrazas donde los extranjeros siguen sentados y busco en mi memoria alguna canción para dar por finalizada la tarde, para acompañarme antes de llegar a casa. Y pienso en esos cinco pequeños grandes detalles, mientras canto y entonces casi todo es perfecto: me quedan veinte páginas para acabar la novela que leo cada noche en la cama; mi manta de cuadros color cereza que ya ha salido del armario; la agenda para el 2008 que sigue esperando en mi escritorio y todo lo que quiero escribir en ella en mi cabeza; una receta nueva para una tarta que prepararé en cuanto tenga ocasión; un paseo junto al río antes de que anochezca una tarde de estas…
It's far beyond a star,
It's near beyond the moon.
I know beyond a doubt
My heart will lead me there soon.

